Tras 50 días de bloqueos que paralizaron la economía nacional, el país inicia una lenta transición a la normalidad bajo estado de excepción. La OEA condenó las medidas y apoyó al Gobierno, mientras los cocaleros del Chapare declararon un cuarto intermedio tras una jornada marcada por enfrentamientos, desabastecimiento de combustible y daños estructurales irreversibles.
Bolivia comienza a vislumbrar un alivio tras siete semanas de tensiones. El estado de excepción vigente ha permitido reducir los bloqueos de más de 50 puntos a solo seis activos, concentrados en Cochabamba. El Gobierno informó que un contingente policial y militar trabaja en la limpieza de las rutas troncales, aunque la labor se ve dificultada por el uso de explosivos en algunos sectores, que dejan un saldo trágico y policías heridos.
La crisis deja cicatrices profundas. Legisladores y productores agrícolas advierten que el perjuicio económico es incalculable y que la recuperación tardará meses, con empresas en riesgo de cierre y cosechas enteras perdidas en el Chapare. En paralelo, la dotación de gasolina a La Paz ha comenzado con la llegada de seis millones de litros, aunque las autoridades llaman a la paciencia mientras se garantiza la calidad del producto.
En el plano político, la OEA se pronunció firmemente condenando los bloqueos como un delito contra los derechos fundamentales y expresando su respaldo al orden constitucional. Mientras el país intenta retomar la calma, la ministra de Salud deberá comparecer ante la Asamblea para responder por la gestión sanitaria durante la crisis. El anuncio de un cuarto intermedio por parte de los sectores movilizados en el Trópico marca un hito, aunque la incertidumbre persiste sobre la sostenibilidad de esta tregua en un país que, según expertos, ha retrocedido años en su crecimiento económico.






