Jorge Torregroza renunció como director del Sistema Penitenciario de Panamá tras la histórica fuga de 195 reclusos en la cárcel La Joyita. Aunque la mayoría ha sido recapturada, la crisis ha puesto al descubierto fallas estructurales que el presidente Mulino busca corregir con nuevos modelos de seguridad.
El Sistema Penitenciario de Panamá atraviesa un momento crítico tras la renuncia del director general Jorge Torregroza, quien dejó su cargo después de 20 meses de gestión. Su salida ocurre en respuesta a la histórica fuga masiva del 1 de junio en la cárcel La Joyita, donde 195 reclusos lograron evadir los muros del complejo penitenciario más grande del país en un episodio que dejó tres fallecidos y nueve heridos.
Si bien las autoridades han logrado recapturar a 178 de los evadidos, la magnitud del suceso ha dejado una huella profunda en la administración de seguridad pública. El presidente José Raúl Mulino ha catalogado el evento como el reflejo de un sistema penitenciario colapsado, anunciando que el próximo 1 de julio el Gobierno presentará medidas correctivas y modelos de seguridad más estrictos, en línea con estrategias que han sido efectivas en otras regiones del continente.
Como parte de las medidas inmediatas para recuperar el control, el Ejecutivo ordenó el traslado de reos de alta peligrosidad hacia la Isla Coiba, un antiguo centro penal reactivado tras más de dos décadas de abandono. Además, la justicia panameña ya ha imputado a 150 de los recapturados, quienes enfrentan penas adicionales por el intento de fuga, la mayoría siendo procesados en audiencias masivas.
La dimisión de Torregroza, aceptada por la ministra de Gobierno, Dinoska Montalvo, pone un punto final a un capítulo de alta vulnerabilidad para la seguridad panameña. Mientras el país aguarda las reformas de julio, sigue la búsqueda de los 17 reclusos que aún permanecen prófugos, manteniendo en alerta constante a los estamentos de seguridad ante el temor de una reconfiguración de las bandas criminales dentro y fuera de las prisiones.






