La violencia de género mantiene en alerta a las autoridades en Bolivia. Dos desgarradores casos, uno en Oruro y otro en Montero, fueron reportados esta semana, elevando la cifra de feminicidios. Las autoridades investigan agresiones extremas dentro del hogar, mientras especialistas advierten sobre el preocupante subregistro en la región iberoamericana.
Bolivia lamenta una nueva semana marcada por el horror de los feminicidios y tentativas de violencia extrema. En Oruro, el Ministerio Público investiga la muerte de Nora, de 42 años, quien tras ser agredida por su pareja fue dejada cinco días sin auxilio antes de fallecer. El agresor, en un intento por evadir la justicia, intentó organizar un velorio sin certificación oficial antes de planear el entierro de su cuerpo en una zona clandestina. Nora deja en la orfandad a tres niños menores de seis años, quienes ya se encuentran bajo protección del Estado.
En paralelo, en el municipio de Montero, una vendedora ambulante permanece internada en terapia intensiva tras haber sido apuñalada tres veces por su esposo. El agresor, que huyó del lugar tras propinarle heridas en el abdomen y extremidades, fue hallado muerto horas más tarde, complicando las labores de esclarecimiento de un hecho originado, presuntamente, por celos constantes.
Estos casos se suman a la preocupante cifra de 43 feminicidios registrados en suelo boliviano solo en lo que va de 2026. Según reportes oficiales, La Paz, Santa Cruz y Oruro encabezan la estadística, reflejando una problemática que, según analistas del Banco Interamericano de Desarrollo y la SEGIB, está ampliamente subregistrada en toda Iberoamérica, donde apenas una fracción de las agresiones domésticas llega a una denuncia formal.
La Red Nacional de Refugios en América Latina advierte que estos episodios de violencia se agudizan durante eventos de gran escala, como los torneos deportivos, exacerbando el riesgo para las mujeres que sufren maltrato dentro de sus hogares. La lucha contra la impunidad en Bolivia se enfrenta ahora al reto de combatir no solo a los agresores, sino a la falta de intervenciones oportunas que permitan salvar vidas antes de que el ciclo de violencia termine en tragedia.






