La cumbre del G7 en Francia acuerda recrudecer las sanciones contra Rusia, mientras Ucrania insiste en la necesidad de sistemas de defensa. Paralelamente, China despliega ayuda humanitaria hacia Irán y Líbano, en un escenario donde el desabastecimiento interno ruso empuja al gobierno de Putin a reclutar ciudadanos mediante la cancelación de deudas bancarias.
El G7 ha dado un firme respaldo a Ucrania, manteniendo la presión diplomática y económica sobre Moscú con nuevas sanciones dirigidas a la flota clandestina de petróleo ruso y sus redes de evasión financiera. El encuentro en Évian, marcado por el protagonismo de Donald Trump, buscó articular una salida diplomática que el G7 espera ver concretada este verano.
En el tablero opuesto, Rusia enfrenta una crisis interna de reclutamiento. Con la guerra extendiéndose y el desgaste económico en aumento, el Kremlin ha ofrecido borrar las deudas significativas de ciudadanos a cambio de un año al servicio del ejército, una estrategia desesperada ante la falta de voluntarios. Mientras tanto, China ha consolidado su rol en el conflicto de Oriente Medio, anunciando una nueva ronda de ayuda para Irán y el Líbano para combatir la catástrofe resultante de los recientes enfrentamientos.
Las tensiones globales se entrelazan: el G7 no solo busca frenar a Putin mediante sanciones, sino asegurar estabilidad en los mercados energéticos, mientras los actores asiáticos intentan ganar terreno en la reconstrucción y asistencia humanitaria en zonas afectadas por Estados Unidos e Israel.






