La sequía golpea con fuerza a municipios de la Chiquitania, el Chaco y otras regiones de Bolivia, forzando el racionamiento y la distribución de agua en cisternas. La crisis, agravada por el fenómeno del Súper Niño, afecta el suministro humano y la producción agropecuaria, mientras autoridades declaran desastres y refuerzan medidas de emergencia.
La sequía extrema comienza a golpear con severidad a diversas regiones de Bolivia, obligando a las autoridades municipales a implementar el racionamiento y la distribución de agua mediante camiones cisterna. Municipios de la Chiquitania y el Chaco cruceño, como Boyuibe, Cuevo y San José de Chiquitos, enfrentan una caída crítica en el caudal de pozos y vertientes, lo que ha llevado a declarar estados de desastre y emergencia para gestionar recursos urgentes.
En el área urbana de San Javier, la preocupación crece ante la inminente posibilidad de racionamientos nocturnos entre septiembre y octubre si la tendencia de descenso en el caudal persiste. Mientras tanto, en comunidades indígenas como Candelaria, en Concepción, las familias dependen de pozos comunes y norias, aguardando la conclusión de sistemas de red de cañería que prometen aliviar la precariedad en el acceso al líquido vital.
La situación se extiende más allá de Santa Cruz, con Chuquisaca registrando 21 municipios en desastre y La Paz bajo alerta roja tras advertencias sobre la baja en los niveles de la represa de Hampaturi. La falta de combustible en algunas regiones complica aún más la logística de transporte de agua, dificultando la atención a las comunidades más dispersas y vulnerables.
El panorama climático se torna aún más incierto ante el pronóstico del fenómeno del Súper Niño, que amenaza con intensificar la sequía en el altiplano, los valles y el Chaco boliviano. Expertos del Senamhi advierten que este evento podría superar los impactos registrados entre 2015 y 2017, elevando las temperaturas y poniendo en riesgo tanto el consumo humano como la estabilidad de la producción agropecuaria nacional.
Ante este escenario, las autoridades instan a la población a priorizar el uso del agua para consumo humano e higiene básica, evitando actividades no esenciales. Mientras se ejecutan medidas de mitigación, como la perforación de nuevos pozos y la instalación de sistemas de cosecha de agua, el sector productivo teme que la crisis hídrica impacte directamente en el precio de los alimentos en los próximos meses.






