El presidente José Antonio Kast impulsa un recorte impositivo corporativo del 27% al 23% para dinamizar la inversión. La medida enfrenta resistencia en el Senado por el riesgo al déficit fiscal.
El gobierno chileno, presidido por José Antonio Kast, se encuentra inmerso en una batalla legislativa tras anunciar un paquete tributario que busca reducir gradualmente el impuesto a las corporaciones del 27% al 23%. Bajo el argumento de reactivar la economía y fomentar el empleo, esta propuesta ha generado tanto optimismo en ciertos sectores empresariales como un fuerte rechazo social, desencadenando movilizaciones estudiantiles y críticas de diversos economistas.
El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, ha sostenido que la medida no busca favorecer a los ricos, sino incentivar la reinversión de capitales. Sin embargo, voces críticas, como la de la economista Andrea Repetto, advierten que los beneficios son inciertos y los costos fiscales, muy altos. La comparación internacional sugiere que, en otros países, reducciones similares no siempre se tradujeron en crecimiento del empleo, sino en recompra de acciones.
La denominada «megarreforma» incluye además facilidades para la repatriación de capitales y una reducción de la burocracia para invertir, conocida localmente como «permisología». Con un Senado donde el oficialismo no cuenta con mayoría, el futuro de este plan es incierto, mientras los expertos advierten sobre el riesgo de profundizar el déficit y la deuda del Estado si la recaudación cae por debajo de las metas presupuestarias.






