El transporte público federado de La Paz inició un paro indefinido con repliegue de unidades móviles y bloqueos esporádicos. Los choferes demandan al gobierno nacional garantizar el suministro continuo de combustibles de calidad y reparar los supuestos daños provocados por carburantes adulterados, profundizando el cerco de 27 días.
El sector del transporte público sindicalizado del departamento de La Paz inició una medida de fuerza de carácter indefinido replegando sus unidades motorizadas y dejando desprovista a la central metropolitana de servicios de traslado terrestre de pasajeros.
A la crítica situación provocada por veintisiete días de asfixia en carreteras, protagonizada por sectores campesinos desafectos administrativamente, se sumó este cese de actividades convocado oficialmente por la dirigencia del autotransporte federado departamental, demandando soluciones urgentes en relación con el desabastecimiento crónico de diésel y gasolina especiales en los centros de acopio autorizados por Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos.
Adicionalmente, los choferes y propietarios de motorizados acusan la mala calidad de la gasolina distribuida localmente, denunciando perjuicios económicos derivados del desgaste prematuro en motores comerciales producto de carburantes presuntamente adulterados, por lo cual exigen reparaciones patrimoniales directas del Estado boliviano y un periodo de reprogramación de créditos sin multas impositivas.
A diferencia de previas protestas corporativas de gran escala, los conductores de las diferentes líneas de micros, colectivos e itinerarios compartidos optaron esta vez por el retiro preventivo de sus vehículos de los puntos principales de circulación habitual para evitar la confrontación civil directa, si bien se constataron algunas barricadas en las rutas medulares de articulación metropolitana intermunicipal entre la urbe paceña y la colindante meseta de El Alto.
Las consecuencias directas de esta inacción vehicular se sintieron de manera drástica desde las primeras horas de la jornada, provocando colas kilométricas y prolongadas esperas en las redes de transporte por cable Mi Teleférico, mientras la mayor parte de la masa laboral y del estudiantado se vio abrumada a realizar largas caminatas a pie sobre pendientes pronunciadas para cumplir con sus destinos de rutina.
Esta huelga indefinida del sector transportador, no coordinada con los movimientos indígenas rurales pero coincidente con los mismos, intensifica las penurias económicas que arrastran de por sí los mercados municipales urbanos, donde los comerciantes reportan incremento de costos de las canastas básicas y reducciones logísticas dramáticas debido al prolongado aislamiento geográfico de la sede gubernamental.






