Colombia enfrenta una crisis humanitaria tras un terremoto de magnitud 7,4 que dejó 239 muertos y 287 desaparecidos. El sismo, el más fuerte del siglo en el país, destruyó más de 9.000 viviendas y afectó gravemente la infraestructura de 14 departamentos. Miles de damnificados permanecen en albergues mientras los equipos de rescate continúan buscando sobrevivientes entre los escombros.
El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el pasado lunes ha dejado un saldo devastador de 239 fallecidos y 3.755 heridos, consolidándose como el sismo más potente registrado en el país durante este siglo. Según la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), la tragedia afecta a 403 municipios en 14 departamentos, con una especial incidencia en las regiones de Chocó, Valle del Cauca y Risaralda.
La magnitud del desastre se refleja en la infraestructura colapsada: 9.215 viviendas destruidas, 140 edificios en ruinas y daños significativos en 188 centros de salud y 1.667 instituciones educativas. Mientras los equipos de rescate continúan la búsqueda de 287 personas reportadas como desaparecidas, el Instituto de Medicina Legal ha logrado identificar a 121 de las víctimas mortales, entre las que se encuentran cinco menores de edad.
Para los miles de damnificados, la realidad se ha transformado en una lucha por la supervivencia en albergues improvisados. Familias enteras, que perdieron sus hogares en cuestión de segundos, han encontrado refugio en instalaciones como el estadio Alberto Mora Mora en Pereira, donde las autoridades locales brindan asistencia integral, alimentación y atención médica primaria.
El testimonio de los sobrevivientes ilustra la magnitud del trauma social que enfrenta el país tras el sismo. Muchos ciudadanos, como José Luis Hernández, enfrentan ahora la incertidumbre absoluta sobre su futuro laboral y habitacional, tras haber logrado salvar únicamente a sus familias durante el colapso de sus viviendas.
La respuesta estatal se concentra en la atención de las necesidades básicas de los desplazados y en la estabilización de las zonas más golpeadas. A pesar de los esfuerzos de coordinación, el desafío de reconstrucción se perfila como una tarea monumental que requerirá meses de intervención para recuperar la normalidad en las regiones más afectadas.






