La crisis migratoria impulsa nuevas medidas extremas: Chile derribó un puente clandestino en su frontera con Bolivia para fortalecer sus zanjas antiinmigración, mientras que el Parlamento Europeo aprobó un nuevo reglamento que autoriza la creación de centros de devolución de migrantes en terceros países.
La política migratoria en el mundo se vuelve más rigurosa. En el norte de Chile, las autoridades procedieron a la demolición de un puente artesanal construido con sacos de arena y piedras sobre una zanja de tres metros de profundidad en la zona de Colchane, frontera con Bolivia. La medida es parte del plan de escudo fronterizo de la actual administración, que busca frenar el tráfico irregular en una de las rutas más transitadas de la región.
Mientras tanto, en Europa, la Eurocámara dio un paso trascendental al aprobar el Reglamento de Retornos. Esta normativa facilita la creación de ‘centros de retorno’ en terceros países, permitiendo que las personas que no cuentan con permiso de estancia en territorio europeo sean trasladadas fuera de la Unión mientras se procesa su salida. La decisión fue recibida con aplausos por facciones de derecha pero con duras críticas por parte de sectores que denuncian la vulneración de derechos fundamentales y el riesgo de detenciones prolongadas.






